La recuperación económica no alcanza a los que más tiempo llevan en paro en España, y es que, según la última encuesta de población activa (EPA), existen hasta 1’2 millones de empleados que no han tenido ningún trabajo durante los últimos 4 años o más.

Este colectivo es el que más difícil lo ha tenido desde que empezase la crisis allá por el año 2008 y de hecho, es el que ha llegado a multiplicarse por 12, una cifra muy alta y con muy pocas expectativas de futuro.

Esta situación dramática se acrecienta para unos 180.000 parados, ya que viven en hogares en los que no entra ningún tipo de ingreso económico, ni propio ni por parte de ningún familiar.

El techo del paro en 2013

Hace apenas dos años, el paro tocó techo en  España, con hasta 6’3 millones de desempleados y aunque desde entonces esta cifra ha caído casi en un millón, el colectivo de parados de larga duración no ha hecho más que crecer.

Nos encontramos ante un concepto que se utiliza para definir las redes de distribución eléctrica ‘inteligentes’. Una red inteligente es aquella que integra de forma totalmente eficiente las acciones y el comportamiento de todos los usuarios que están conectados a ella.

Se trata de una manera de asegurar un sistema energético eficiente y sostenible, con altos niveles de seguridad de suministro y calidad y con el seguro de unas bajas pérdidas.

¿Cómo dotar de inteligencia las redes eléctricas tradicionales?

Las compañías están dedicando sus esfuerzos a través de diferentes mecanismos, tales como la instalación de equipos y maquinaria como los contadores inteligentes. Estos últimos tienen la capacidad de medir y poder almacenar la información necesaria y relacionada con los consumos horarios.      

Esta es una manera de poder conocer cuánto consumimos diariamente y de la forma más detallada posible. Además, a través de esta información que queda registrada, se tiene la opción de seleccionar cuál es la tarifa eléctrica que mejor nos conviene y así poder reducir la factura energética del hogar.

También contribuye a mantener un modelo energético más sostenible y a registrar cualquier incidencia que se produzca en la red en cualquier momento del día y sin demasiada complicación.

El Comercio Electrónico, también denominado eCommerce, lleva unos años despuntando hacia arriba y parece que las expectativas es que siga creciendo durante este año 2014.

Y es que, tal como cuenta el ‘Informe de evolución y perspectivas eCommerce 2015’ (una encuesta que entrevistó a más de 4.500 tiendas online), el 80% de las empresas del sector esperan crecer a lo largo de este año y se prevé que en la mitad de ellas, se aumenten las ventas más de un 10%.

El fraude evoluciona día a día, al mismo tiempo que lo hacen los distintos medios de pago a los cuales tenemos acceso. Con sistemas cada vez más sofisticados, las falsificaciones en los pagos online están adquiriendo un auge que nos pone en peligro a todos aquellos que tiremos de tarjeta por Internet.

Aquellas transacciones online, que no requieren de mostrar la tarjeta de crédito de una manera física y que son cada vez más comunes, suelen ser las más golpeadas por este tipo de fraude.

La tecnología ‘contactless’

Este tipo de tecnología ‘contactless’ (sin contacto), ha visto aumentar durante los últimos años, los usuarios que se encomiendan a ella, sobre todo procedentes de Europa. De hecho, los datos que se barajan son un incremento de hasta el 174% de los usuarios durante el último trimestre de 2014 en Europa.

Ahora mismo, cualquier dispositivo que mantenga una conexión a Internet, puede ser la vía para realizar una compra online. Por esto mismo, sería necesario traspasar los actuales procesos de autentificación y estándares de seguridad del mundo físico, al panorama online. De esta manera, estaremos consiguiendo tener unas compras mucho más seguras y libres de riesgos.

Llega el verano y nuestros días libres parece que no lo son tanto. Y es que, los móviles pueden ser los culpables de que no podamos olvidarnos de la oficina ni por un minuto. Los correos se acumulan, las consultas son continuas y si tenemos unas mínimas funciones de responsabilidad, el trabajo no deja de acumularse.

Ante esta situación, aunque nos encontremos en una playa paradisíaca a miles de kilómetros de nuestro hogar, las pantallas exigentes no se esfuman.

¿Una cuestión de ego?

También quien no echa las culpas a la tecnología y asume que esta imposibilidad de desconectar surge de nosotros mismos y de nuestro ego. Y tal vez  sea cierto en parte, puesto que sentirnos imprescindibles en nuestro puesto de trabajo puede ser algo habitual, ya sea por miedo a que un compañero nos ‘suplante’ en nuestras tareas o por el simple hecho de sentirnos más importantes que los demás.

Aprender a delegar puede ser el primer paso para poder disfrutar de nuestras vacaciones en toda su extensión. Sobre todo, entre aquellos que trabajan en el sector privado, un negocio que no se frena ante la ausencia de los trabajadores por vacaciones.