Llega el verano y nuestros días libres parece que no lo son tanto. Y es que, los móviles pueden ser los culpables de que no podamos olvidarnos de la oficina ni por un minuto. Los correos se acumulan, las consultas son continuas y si tenemos unas mínimas funciones de responsabilidad, el trabajo no deja de acumularse.

Ante esta situación, aunque nos encontremos en una playa paradisíaca a miles de kilómetros de nuestro hogar, las pantallas exigentes no se esfuman.

¿Una cuestión de ego?

También quien no echa las culpas a la tecnología y asume que esta imposibilidad de desconectar surge de nosotros mismos y de nuestro ego. Y tal vez  sea cierto en parte, puesto que sentirnos imprescindibles en nuestro puesto de trabajo puede ser algo habitual, ya sea por miedo a que un compañero nos ‘suplante’ en nuestras tareas o por el simple hecho de sentirnos más importantes que los demás.

Aprender a delegar puede ser el primer paso para poder disfrutar de nuestras vacaciones en toda su extensión. Sobre todo, entre aquellos que trabajan en el sector privado, un negocio que no se frena ante la ausencia de los trabajadores por vacaciones.

En la Generalitat de Catalunya lleva funcionando desde noviembre del año 2012, la llamada ‘tasa turística’, que se trata de una cantidad que los viajeros y turistas pagan al municipio por pernoctar en un hotel. Los resultados han sido bastante impactantes, en tan solo un par de años, Cataluña había recaudado 82’3 millones de euros, de los cuales el 30% aproximadamente, iba dedicado a las administraciones locales.

Ahora, el Ayuntamiento de Madrid planea hacer lo mismo en la capital, como impulso de reestructuración de la deuda que aqueja a esta ciudad y después de haberse comprobado los excelentes resultados.

                                                                          

La economía de esta zona, que se encuentra bajo el dominio de Marruecos, está empezando a florecer muy poco a poco. Pese a que la mayoría de los habitantes de esta zona viven de la pesca, la fruta, los vegetales marinos y en parte, de la ganadería, existen una riqueza mineral y petrolera muy interesante y que parece que comienza a explotarse.

De hecho, las extensas minas de fosfatos que se encuentran en el territorio y que fueron controladas por España durante los últimos años de soberanía, convirtieron al Sáhara Occidental en uno de los primeros productores de este compuesto del mundo.

Nos encontramos en una economía inestable y todos los recortes de gasto público que se han estado aplicando durante los últimos tiempos, han dejado tocado nuestro sistema de bienestar social, por lo que parece lógico el querer recurrir a vías alternativas para buscar soluciones.

Una de ellas pueden ser los denominados ‘bancos de tiempo’, que plantea una nueva manera de actuación económica sin tener que recurrir a la intervención estatal de la economía.

Desde hace un par de años, estamos escuchando sin parar el término ‘crowfunding’ como método alternativo de financiar una empresa, un proyecto o una causa. Precisamente esta semana, se hablaba del caso de un chico inglés que había puesta en marcha una campaña de recogida de fondos para ayudar en el pago de la deuda griega.

Aunque pueda parecer surrealista, a horas de hoy, el susodicho lleva recogidos más de 1 millón de euros y aunque se necesiten 1.600 millones de euros, se trata de una cifra más que aceptable siendo que hablamos de donaciones anónimos. Pero, ¿qué es exactamente el ‘crowfunding’?

Micromecenazgo

El concepto general de ‘crowfunding’ (en español hablamos de micromecenazgo),  consiste en una cooperación colectiva, que es llevada a cabo por una red de personas que buscan fondos u otros recursos.

Para ello, se realiza una difusión pública de la causa o el negocio por el que se lucha y todo aquel que simpatice o quiere aportar una donación está invitado a hacerlo. Con Internet, todo esto se agiliza gracias las plataformas dedicadas al ‘crowfunding’.